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POEMA

CANTO A BOLÍVAR

El limpio sol navega en el Anauco

mientras la claridad ronda en el Ávila

y María Concepción trajina luces

para que más temprano nazca el alba,

para que los tejados se abaniquen

la placidez nocturna de Caracas

y presientan los himnos más azules

que julio es un clamor en la esperanza.

Los corredores Juegan con los lirios

entre los trinos que la gloria alcanza

y las nubes cortejan los caminos,

porque la gloria en trinos es más clara.

Va a llover la mirada en los reflejos,

va a tejerse un rocío en la montaña

y en tanto la quietud cubre silencios

el crepitar de un corazón avanza.

Es veinticuatro preconiza el hombre,

el solar y el jardín de rosa y palma,

es veinticuatro, ritualiza el viento

en la plaza mayor y en las ventanas,

es veinticuatro, vocaliza humilde

la libertad que entre tinieblas anda,

es veinticuatro y se quedó en matea

la noche que esa noche se hizo blanca.

 

Un Maestro, Simón, regó tus sueños,

libro suelto al hojear de las espadas,

barba sabia en la savia de los genios,

letra viva en el sol de los mañanas.

Despertar que en la Francia se ilumina

y en la fe de Caracas se hace llama,

deletrear que en el viento se hace firma

y firme amanecer en las hazañas.

Cuando se fugó María Teresa,

entre el cristal de las lejanas aguas,

en el vacío de los cantos idos

se quedó compartiendo con la Patria.

desde entonces tu andanza de Bolívar,

con Quijotes metidos en la cara,

descorrió los secretos montesacros

y voló sobre el mundo una proclama.

Abril, ante el suicidio de las flores

que al jueves le tendió túnica santa,

creyó en tu repicar de cirios nuevos

y en el salve triunfal de tu garganta;

se puso nuevamente sus cantares,

eligió la bondad de Madariaga

y al cabildo subido hasta las torres

le cedió el refrescar de las campanas.

 

Julio sembró tu corazón de nuevo

y en el acta tu rúbrica cabalga

y se tornan los retos en relinchos

y en caballos de campos de batallas.

Los verdes se iluminan con los gritos,

los gritos se encandilan con las ráfagas

y las ráfagas viven como estrellas

en el cielo rural de las miradas.

Nada extingue tu alianza con los pueblos,

nada nubla las limpias clarinadas,

ni el mito metafísico del sismo,

ni el verdadero sismo del monarca.

La razón se hace palpito en tus manos

y las tintas tus fuerzas acompañan

y surge en la verdad de Cartagena

la República fresca y remozada.

 

Guerra es la muerte que a la vida llena,

huesos que a la canción izan en llamas,

guerra es la muerte de centurias grises,

cenizas abonando la alborada.

Muerte no es llanto en tu afianzado pulso,

la guerra es galopar de las bonanzas,

muerte no es sombra que perturba el canto,

guerra es la paz que tras la Patria anda.

 

La Gran Colombia se asomó a tus ojos,

venía con la tierra desgarrada,

con los ríos resecos por la espera

y el viento envejecido en las entrañas.

Venía del reclamo de los siglos,

con la raza en el llanto sepultada,

y tu sueño de eterno enamorado

la envolvió con su gracia libertaria.

Y en la noche de trópico encendida,

junto  con las estrellas escapadas,

América Latina surge inmensa

En el futuro que tu mente abraza.

Es la visión de un mundo que se yergue

es el grito a otro trono que amenaza,

es el gigante derrumbado y yerto,

es el augurio cierto de jamaica.

 

Y ya con el asombro de las sombras,

que se escaparon de Nueva Granada,

con los cielos que unieron Ayacuchos

con Carabobos y Junines de auras,

tu corazón multiplicó bondades

y a los pueblos bondades les consagras

y a Sucre Mariscal le entregas alma

y el amor a Manuela mariscala.

 

Una tormenta despobló tus sueños,

las vísceras se adueñan de las almas,

las pasiones descienden al abismo

y el abismo desciende hasta la nada.

Tu delirio en uniones va danzando,

entre  los Chimborazos de tus ansias,

y bañan los crepúsculos del mundo

la trunca Navidad de Santa Marta.

 

Aún tu sol navega en el Anauco,

aún tu claridad ronda en el Ávila

y María Concepción trajina luces

a los doscientos años de tu alba. 

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